La Orden

LA ORDEN DE LOS HOMBRES MALDITOS

La Obra

Todavía queda algo que dar.

Los dones de un hombre pueden sobrevivir años sin un lugar donde echar raíces. La obra comienza al encontrar dónde pueden ser útiles.

Algunas tareas necesitan a varios hombres. Otras, solo a uno que cumpla su palabra.

Haz que algo exista.

Una obra que quedó inconclusa. Una habitación descuidada que podría servirle a alguien. Una idea a cuyo creador le faltan manos. Ofrece destreza y atención allí donde puedan ayudar a que exista algo valioso.

Transmite algo.

Enseña lo que tardaste años en aprender. Pon una herramienta en una mano dispuesta. Dale a un hombre más joven el beneficio de un error que no necesita repetir. El conocimiento que lleva un hombre puede convertirse en el comienzo de otro.

Acompaña a alguien.

Lee con él una carta difícil. Acompáñalo a un lugar que ha estado evitando. Ayúdalo a preparar la obra que está listo para mostrar. Pregunta qué le serviría de ayuda y respeta la respuesta.

Haz que el esfuerzo perdure.

Elige una labor que se pueda llevar a término. Comparte lo que exige. Habla con franqueza cuando cambien las circunstancias. Una tarea puede pasar a formar parte de la memoria de la Orden por el cuidado con que se hizo.

Los hombres que asumen una misión la eligen juntos. Su valor reside en lo que da a quienes sirve. Cada hombre conserva la libertad de ofrecer lo que pueda.

Que en su próxima reunión haya algo de lo que hablar: una obra terminada, una habilidad transmitida, un hombre acompañado en un día difícil.

La maldición permanece. La obra continúa.